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Ciencia

¿Y si nuestros antepasados llegaron a Europa mucho antes de lo pensado?

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Investigar la historia de lo que les ocurrió a nuestros ancestros hace 900.000 años no es sencillo. Pero a medida que avanzamos, nuevas puertas y nuevas hipótesis se abren en lo que conocemos.

En una cueva de hace casi un millón de años, probablemente, vivió una pequeña manada de un antiguo ancestro de nuestra especie. El Theropitecus. Esta especie de homínidos no es parte de nuestros antepasados, pero se parecían bastante a nuestros tatatatatarabuelos. No sabemos mucho más sobre sus costumbres o comportamientos. Probablemente se pareciese a lo que hoy vemos en primates no homínidos con algunos rasgos distintivos. Pero es un pedazo de nuestra historia, eso sin duda. Miles de años después, un grupo de paleontólogos de la Universidad de Barcelona ha encontrado algunos restos de aquella lejana manada, en la que después fue una madriguera de antiguas hienas. Una cueva que se encuentra a este lado del peñón de Gibraltar: en Europa (en Murcia, concretamente) y no en África. Y esto, si te preguntas que tiene de especial, cambia bastante sobre lo que sabemos de nuestra historia colonizando el mundo.

Theropitecus, nuestros primos, a través del estrecho

Las hipótesis manejadas hasta la fecha explican como los homínidos ancestrales (nuestros antepasados), hace unos 200.000 años, se expandieron desde áfrica a través de Asia, hacia el norte y entrando en la península Ibérica a través de los pirineos. Sin embargo, estos restos parecen indicar que hubo un tiempo en el que nuestros antepasados pudieron cruzar a través del Mar Mediterráneo e instalarse en el sur de la península. Al igual que hicieron los Theropitecus del estudio, nuestros primos. Puesto que estos son los primeros restos de Theropitecus encontrados en Europa, esto cambia en gran medida lo que conocemos de la expansión ancestral de los homínidos. Aunque tampoco sabemos cómo. Los restos todavía son pocos y muy antiguos, así que se abren nuevas incógnitas sin llegar a resolverse algunas dudas fundamentales.

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Esto son geladas, unos parientes lejanos que se parecen mucho a Theropitecus

Eso sí, los restos de estos Theropitecus parecen coincidir con los datos geológicos del pleistoceno (en concreto de hace unos 100.000 – 850.000 años) cuando parece que el Mar Mediterráneo estaba unos 100 metros por debajo del nivel actual. Eso podría haber dejado una franja de tierra por la que se habrían desplazado nuestros antepasados, al igual que los Theropitecus hasta llegar aquí. ¿Qué ocurrió con dichos antepasados? ¿Evolucionaron en otras especies hoy conocidas? ¿Explica esto la presencia de algunos otros homínidos en Europa? O ¿se limitaron a desaparecer? Estas hipótesis son las que tratan de descubrir (y describir) paleontólogos y antropólogos como Lluís Gibert, María Lería y Carles Ferràndez, a cargo de este estudio.

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Mucho antes de lo esperado

Pero centrémonos en nuestros hipotéticos ancestros. Porque este equipo ha datado, también, restos líticos, es decir, herramientas de piedra, de por aquel entonces. Por ejemplo, se ha conseguido hallar un hacha de piedra utilizada para cortar y, probablemente, defensa, de ¡1,6 millones de años! Es un hacha datada, según de sus características, del achelense. El cual ¡no empezó a hasta un millón de año después, hace 600.000 años! Lo que quiere decir este hallazgo, como apuntan los datos, es que la expansión de nuestros antepasados desde África hasta Europa podría haber ocurrido mucho, mucho antes de lo que esperábamos. De hecho, existen indicios, aunque debatidos, de la presencia de homínidos en Europa de hace 1,3 millones de años. Este estudio muestra también la presencia de homínidos y restos de líticos de nuestros antepasados de, al menos, hace 900.000 años.

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Esta es la Cueva Victoria, donde se encontraron los restos.

Para datar dichos restos se han usado varias pruebas, incluyendo datos estratigráficos, que datan un objeto según el estrato, la capa de suelo, donde se ha encontrado; pruebas de isótopos (uranio-torio); restos de roedores; y paleomagnetismo, que estudia las inversiones de los polos magnéticos registradas en los minerales. Con todo esto se pinta un cuadro donde se encaja, cronológicamente, los restos encontrados. Como veíamos antes, otro de los datos que enmarca el cuadro, es la presencia de Theropitecus. Este homínido, nunca antes encontrado aquí en Europa pero sí en África, nos hace sospechar (y confirma) que el estrecho de Gibraltar se pudo cruzar caminando. El siguiente paso será seguir hallando y datando restos que nos permita pintar una parte nueva del cuadro. Una imagen enorme, compleja y difícil que explica cómo llegamos a ser lo que somos.

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