Un hombre británico de cuarenta y tres años acudió en busca de ayuda médica al Aberdeen Royal Infirmary después de pasar tres meses aquejado de malestar general, fatiga y dificultad para respirar. Los síntomas habían ido empeorando a lo largo de ese tiempo hasta el punto de tener que pedirse una baja laboral, por no poder ni siquiera caminar dentro de su casa sin cansarse. Incluso subir a la planta de arriba del edificio para dormir era toda una tortura, pues tenía que parar cada dos escalones para sentarse a descansar.

A su llegada al hospital, los médicos realizaron varias pruebas, tras las cuales llegaron a una sorprendente conclusión, descrita ahora en una publicación de la revista BMJ Case Reports: la culpa de todo la tenía un reciente cambio en su edredón.

Detrás del origen de la enfermedad

Las primeras pruebas realizadas al paciente evidenciaron unos niveles anormalmente altos de anticuerpos frente al polvo de pluma de ave.

Estas partículas son las causantes de una enfermedad, conocida como “pulmón de avifauna”, caracterizada por una reacción alérgica extrema a su inhalación, que provoca una intensa inflamación en el parénquima pulmonar y, con ella, los síntomas que el hombre había sentido en los últimos meses. La presencia de anticuerpos contra dicho polvo indicaba que su organismo había desencadenado esta abrupta respuesta al entrar en contacto con él. Sin embargo, el enfermo reconoció que convivía con un gato y un perro, pero negó que hubiese aves entre sus mascotas.

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La causa debía ser otra, ¿pero cuál? Los doctores recordaron que existe una afección, mucho menos común, conocida como “pulmón del nórdico de plumas”, en la que se genera exactamente la misma respuesta, pero no por la presencia cercana de pájaros, sino por las plumas de pato o ganso presentes en almohadas y colchas nórdicas. Al preguntarle al respecto, el hombre explicó que, efectivamente, hacía unos meses que había sustituido su ropa de cama sintética por otra, rellena de plumas naturales.

Una vez detectado el origen del problema, el primer paso era eliminar el desencadenante, por lo que se pidió al paciente que se deshiciera del nórdico. A continuación, se comenzó un tratamiento a base de esteroides, con muy buenos resultados. Tanto, que pronto su saturación de oxígeno volvió a la normalidad, mientras que el resto de síntomas también desaparecieron poco a poco, sin dejar secuelas.

Su historia tiene un final feliz, porque los doctores supieron dar rápidamente con la causa de su padecimiento. Sin embargo, si no hubiesen valorado la posibilidad de que el edredón estuviese involucrado en lo ocurrido, la afección podría haber empeorado mucho. Por eso es tan importante que se haga una exhaustiva entrevista a los pacientes cuando no se tiene claro de dónde proviene alguna enfermedad. Además, cualquiera que sienta estos síntomas, en caso de tener un ave como mascota o ropa de cama rellena de plumas, debe valorar retirarlo de sus vidas y, por supuesto, acudir en busca de ayuda médica.

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