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Un calambrazo en el cerebro y hasta nunca, cocaína: la ‘rehab’ eléctrica llega a España

Una clínica privada de Barcelona introduce la Estimulación Magnética Transcraneal para superar la adicción a la nieve que quema. Uno de sus primeros pacientes cuenta su experiencia

Hace pocos días, Luis Navarro —el nombre que esta persona ha accedido a usar a cambio de contárnoslo todo— se metió a mear en el bar que hay frente a su gimnasio, pero la luz del baño estaba estropeada. Sacó el móvil, encendió la linterna y al ir a iluminar la taza del váter… ¡Vaya, vaya, qué tenemos por aquí! Restos de un misterioso polvito blanco. Pudo ser azúcar glas, pero Luis sospechaba que más bien se trataba de esa sustancia esnifable que seis semanas antes a punto estuvo de arruinarle la existencia.

Miró al frente con indiferencia, acabó de orinar y al salir del baño dijo para sus adentros «ahora sé que estoy curado«.

Navarro ha sido uno de los primeros pacientes en España en probar un nuevo tratamiento basado en la Estimulación Magnética Transcraneal (EMT) contra la adicción a la cocaína. La teoría es que, colocando unas bobinas que provocan un campo magnético sobre la cabeza del adicto y le suministran una corriente eléctrica a la zona de la corteza cerebral donde surge el deseo irrefrenable de meterse coca, técnicamente llamado ‘craving’, se logra desactivar ese impulso.

Una paciente recibe EMT. (Chad Usher / US Air Force)
Una paciente recibe EMT. (Chad Usher / US Air Force)

En unos minutos y sin dolor, adiós a la adicción. ¿Es esto un milagro o una de esas pseudoterapias para sacarle el dinero a los desesperados? ¿Qué dice la ciencia? Vamos por partes.

Hace siete años, Navarro, que entonces tenía 28, regentaba un restaurante. Al principio, lo de la coca comenzó siendo algo social y quincenal. Aquel restaurante cerró pero pronto él consiguió otro trabajo como chófer de lujo con el que ganaba bastante pasta, una situación que se adaptaba como un guante a su rutina.

Meses más tarde, aquello se volvió algo un poco más íntimo, una actividad de pareja más. «Cualquier excusa era buena para consumir, nos íbamos aislando de familia y amigos pero no nos dábamos cuenta o no nos importaba», recuerda. Cualquier excusa era buena, excepto un embarazo.

Ella dejó inmediatamente de meterse, pero él no.

El que hace la locura el fin de semana y se hace un destrozo, se arrepiente al día siguiente cuando ve la tarjeta: yo no

Luego vinieron muchos cambios en su vida: una niña, un divorcio, una nueva pareja… pero algo permanecía inalterable. «Me convertí en un mentiroso compulsivo, mentía continuamente a mi novia y a mi familia para poder quedarme solo y tener ‘mis momentos'», dice, «pero no me encontraba mal».

Dentro de la situación descontrolada que supone la adicción a la cocaína, una droga tan destructiva como discreta, nuestro protagonista planificaba cuidadosamente su ingesta. «No la juntaba con alcohol ni me pegaba una gran fiesta, lo mío era como gota a gota, que es lo peor porque no sentía arrepentimiento«, dice Navarro. «El que hace la locura el fin de semana y hace un destrozo, al día siguiente cuando ve la tarjeta se arrepiente: yo no».

Cada gota era de al menos un gramo o gramo y medio, un par de veces a la semana, quizá tres.

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Los discípulos del doctor Gallimberti

Hasta ahora, la EMT solo se empleaba en algunos pacientes contra diversas patologías mentales. Desde hace al menos dos décadas se conoce que estos pulsos eléctricos logran afectar a las neuronas de formas distintas: un pulso de alta frecuencia parecía mejorar los síntomas de la depresión al activar las neuronas, uno de baja frecuencia lograba reducir las alucinaciones auditivas que provoca la esquizofrenia.

En 2013, un estudio publicado en ‘Nature’ mostró resultados muy prometedores de la EMT en ratas entrenadas para buscar cocaína compulsivamente. Incluso soportaban calambrazos en sus patitas para conseguir su dosis. Entonces, tras aplicarles la estimulación en la corteza prefrontal, abandonaban su hábito al instante. Antes de que los autores —Antonello Bonci y Billy Chen del Instituto Nacional de Abuso de Drogas (NIDA) estadounidense— pudieran pestañear, al otro lado del Atlántico un médico italiano llamado Luigi Gallimberti ya ofrecía el tratamiento en una exclusiva clínica privada de desintoxicación situada en Padua, cerca de Venecia.

Las ratas fueron tratadas con optogenética, una combinación agresiva de manipulación genética y óptica y, por tanto, no aplicable a humanos. Sin embargo, Gallimberti supo intuir que la EMT podía ofrecer los mismos resultados de una forma no invasiva.

El centro italiano donde comenzaron los tratamientos con EMT. (Casa di Cura Villa Maria)
El centro italiano donde comenzaron los tratamientos con EMT. (Casa di Cura Villa Maria)

En la Casa di Cura Villa Maria, Gallimberti no solo recibe a adictos a la cocaína (500 casos hasta la fecha) sino también a investigadores en adicciones de todo el mundo. Dos de ellos fueron los médicos psiquiatras Antoni Gual y Juan Ramón Sambola, que fueron quienes finalmente importaron a nuestro país el tratamiento con EMT.

«Hemos empezado los tratamientos aquí en Barcelona hace un mes y medio, en Italia han estado durante dos años», explica a Teknautas Gual, director científico del centro Newline y jefe de la unidad de conductas adictivas del Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínic de Barcelona, «y de momento se están cumpliendo las expectativas, que eran muy altas».

El psiquiatra explica que la terapia sorprende «por el impacto y por la rapidez, los pacientes al segundo o tercer día ya notan un efecto reequilibrador muy grande».

Hemos empezado los tratamientos aquí en Barcelona hace un mes y medio, en Italia han estado durante dos años

Hasta ahora, todos los tratamientos contra la adicción a la cocaína eran básicamente psicológicos o conductuales. También se han apoyado en distintos fármacos (baclofeno, modafinilo, tiagabina, disulfiram o topiramato) que, al parecer, logran disminuir el consumo, pero no existe a día de hoy una pastilla que resuelva el problema o, al menos, que sea decisiva.

«No existe ningún fármaco aprobado para el tratamiento de la adicción a la cocaína», confirma Gual, «lo que se usan son, en algunos momentos tranquilizantes, en otros antidepresivos y en otros medicamentos anti-impulsivos o anti-epilépticos… es un tratamiento basado en el control de los síntomas pero no actúa sobre el ansia de consumo».

Un especialista anti-narcóticos analiza una dosis de cocaína en Lima, Perú. (Guadalupe Pardo / Reuters)
Un especialista anti-narcóticos analiza una dosis de cocaína en Lima, Perú. (Guadalupe Pardo / Reuters)

Por ello, esta nueva terapia ha despertado, al mismo tiempo, tanto interés y escepticismo. Los estudios científicos apuntan a que las pruebas sobre la eficacia del EMT con los cocainómanos son, hasta ahora, «alentadoras pero preliminares«, según un meta-análisis publicado en mayo de 2018 que recoge todas las evidencias hasta la fecha.

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El principal problema de la terapia con EMT, a día de hoy, es que aún no existe un protocolo sobre cómo utilizarla: qué controles metodológicos usar, en qué áreas de la corteza prefrontal hay que aplicar las descargas, cómo establecer diferencias neuropatológicas entre el ‘craving’ y el consumo o hasta cuándo realizar un seguimiento para ver si la máquina ha provocado otras alteraciones neurales en el paciente.

El principal problema de la terapia con EMT, a día de hoy, es que aún no existe un protocolo sobre cómo utilizarla

Aun así, todos los estudios realizados han ofrecido, hasta la fecha, resultados satisfactorios.

Tocando fondo

Con su nueva pareja había tanto amor como tensión. Miradas furtivas al móvil, a la tarjeta de crédito. Qué hiciste ayer, dónde estuviste. Oye, no me vigiles. ¿Qué eres, la policía? Al final, ella le hizo ir al médico y hacerse unos análisis. Para su sorpresa, casi todo estaba perfectamente en el informe médico. Lo único era una leve perforación en el tabique, nada médicamente grave pero un arma humeante a efectos familiares.

No hemos hablado aún de su familia. Clase alta barcelonesa, con otros seis hermanos entre los que se encuentran notables referentes profesionales en los campos de la medicina o la abogacía. Luis es el entrañablemente alocado hermano pequeño, el cabrilla.

Aceptó ir al psicólogo para tratar su adicción, pero seguía pensando en la cocaína. «Me dio una medicación, me la tomé tres o cuatro veces pero un mecanismo en mi subconsciente me decía que ya había pasado esa criba, había engañado a todos una vez más y estaba listo para volver a las andadas«, se sincera.

Su siguiente monólogo describe lo que es la adicción: «Yo me pasaba el día diciendo ‘esto no lo voy a hacer, no lo voy a hacer, no lo voy a hacer’ y en dos segundos cambiaba de opinión, a última hora decía ‘venga, lo hago, la última pero lo hago’ y no gané nunca. Jamás. Al día siguiente ya podía tener una reunión con el presidente del Gobierno que la liaba, era increíble. Y ver sufrir a la gente a mi alrededor, sentir que estaba en un principio de depresión… y seguir».

Después de meses negando la realidad, un día de vacaciones y con total trivialidad, Navarro se derrumbó.

Aquel verano, fueron a Menorca y, un día al levantarse, cogió e hizo uno de esos test de Facebook: ‘¿Tienes depresión? Contesta a estas diez preguntas’. Se vio reflejado «en siete de las diez» y entonces, todo explotó. Entre lágrimas, fue buscando a su hermano y le confesó que tenía un problema.

Cuando poco después volvió a Barcelona, descubrió que, durante su ausencia, su hermano le había hecho, al mismo tiempo, la mayor putada y el mayor favor imaginable: reunió a todos ‘los tetes’ y les soltó la bomba. Al lunes siguiente tendría su primera consulta.

Primera vez con La Máquina

Incluso estando en el Newline con su pareja y su hermano, todos reunidos frente al doctor Sambola mientras este les explicaba cómo iba a ser el tratamiento, que el 80% de los adictos se curan… incluso después de padecer el escarnio de que todos sus rectos y honorables hermanos supieran de su adicción, incluso reprochándose continuamente todas las mentiras que había contado para seguir metiéndose farlopa, Luis Navarro pensaba que, cuando todo aquello pasara… una, dos semanas más tarde, una vez todos hubieran confiado de nuevo en su responsabilidad… volvería a hacerlo de alguna forma.

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En el mismo momento en que dejaran de medirle el contenido de coca en la orina: «Salgo y lo celebro«.

El doctor Gual explica que «todo esto de la EMT procede de los estudios con neuroimagen de Nora Volkow, actual directora del NIDA, que hace unos 15 años mostró la implicación de los circuitos cerebrales de recompensa en las conductas adictivas y el papel de la dopamina como transmisor básico en estos circuitos«. Dicho de otro modo, el tratamiento no consiste en amortiguar el síndrome de abstinencia sino en atacar directamente a esa área del cerebro que quiere otra y otra y otra más.

El tratamiento consistía en una primera fase de cinco días y luego, 11 sesiones. Hoy puede decirlo, pero aquel lunes nadie creía en la máquina. «Ni yo, ni mi pareja ni mi familia creíamos que fuera a hacer nada, ¡si es un cacharro!».

Aquel lunes nadie creía en la máquina. «Ni yo, ni mi pareja ni mi familia creíamos que fuera a hacer nada, ¡si es un cacharro!»

Se sentó allí y recibió la electricidad. «Es un calambrazo, que se siente pero no llega a doler», recuerda.

«Llego a mi casa luego, estaba solo… era el día perfecto para consumir… pero no lo hice, no la pifié, no sé por qué». Al principio lo achacó a la presión familiar, al peso de sus hermanos, a haberse «vaciado» delante del psiquiatra.

Le mandaron además psicoterapia y topiramato, que ya le habían prescrito antes pero nunca le había hecho nada. Pasaron los cinco días y el lunes siguiente ya se sentía curado. Mantiene el recuerdo de lo que hacía antes, pero ha perdido la ansiedad. «Lo que consiguió la máquina fue devolverme la capacidad de decidir: me puede apetecer cocaína pero es que no quiero, igual que decides no comer chocolate cuando estás a dieta», dice Navarro, «y de eso antes era 100% incapaz».

Mientras habla se detiene y dice «uf, me escucho a mí mismo y es que parezco un comercial«.

Bien, dejemos el proselitismo y hablemos de dinero entonces, ¿cuánto ha costado todo esto?

«La verdad, no lo sé, todo eso lo ha llevado mi familia», reconoce, «pero ten en cuenta que he llegado a gastarme 400€ a la semana en cocaína, así que costara lo que costara creo que al final, compensa…»



Source : elconfidencial

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