En lo que va de 2019 han llegado a las costas de Estados Unidos más de 70 ballenas grises varadas. Son las cifras más altas desde el año 2000, cuando 100 de estos cetáceos llegaron muertos a tierra estadounidense. Las causas de lo sucedido esta vez no están claras, aunque parece estar relacionado con la desnutrición, ya que los cadáveres estaban especialmente delgados y demacrados.

Se cree que el aumento de las temperaturas del mar de Alaska podría estar acabando con las comunidades de crustáceos que les sirven como principal alimento, por lo que podrían estar muriendo de hambre. De cualquier modo, y sea cual sea el motivo, si hay algo claro es que el número de animales fallecidos es desorbitado. Tanto, que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por sus siglas en inglés) ya no sabe qué hacer con ellos. Los lugares en los que habitualmente se depositan a la espera de su descomposición ya están llenos, por lo que la siguiente opción sería dejarlos en los lugares en los que aparecen. Sin embargo, eso generaría quejas entre bañistas y residentes, disgustados por motivos como el olor de la carne putrefacta de un animal que puede alcanzar los 15 metros y las 40 toneladas. La única alternativa que les queda es buscar a voluntarios, dueños de terrenos privados costeros, dispuestos a alojar los cadáveres en su propiedad. Puede parecer una petición imposible, pero de momento ya hay una pareja que ha aceptado la propuesta.

Experimentar en primera persona

Stefanie Worwag y Mario Rivera son una veterinaria y un policía retirado, que desde hace años trabajan como voluntarios en el Centro de Ciencias Marinas de Port Townsend. En cuanto supieron de la decisión de la NOAA de buscar propietarios dispuestos a alojar ballenas varadas no dudaron en ofrecer sus terrenos.

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Lógicamente, su ofrecimiento es todo un consuelo para las autoridades que ya no sabían qué hacer con esos animales, pero también supone una oportunidad magnífica para ellos, según han asegurado en un comunicado de NOAA Fisheries. Durante el tiempo que tarde en descomponerse, el macho de 12 metros que ya se encuentra en su propiedad respaldará el trascurso natural del ambiente marino. Finalmente, el esqueleto resultante se donará con fines educativos. Todo este proceso, que ocurre continuamente en mar abierto, es algo difícil de contemplar en primera persona, por lo que el matrimonio está emocionado por poder seguirlo, paso a paso.

Por eso, se han mostrado colaboradores desde el principio, e incluso Stefanie ha colaborado en la autopsia de la ballena. En cuanto al olor, Mario cuenta en dicho comunicado que por el momento no está siendo desagradable. De hecho, explica que se ha cubierto el cadáver con cal hidratada para acelerar el proceso de descomposición y enmascarar el olor, aunque aún es pronto para saber si funciona correctamente.

Según lo establecido por ley, si los animales se varan en un lugar privado tendrán que ser los dueños de dicho terreno los que se hagan cargo de ellos hasta que se descompongan. En el resto de casos, la NOAA confía en la aparición de más personas como Stefanie y Mario, dispuestos a hacer un poco más sencillo este drama, cuyo origen misterioso parece estar más que relacionado con el cambio climático.

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