El pasado mes de enero, la misión New Horizons, de la NASA, logró sobrevolar 2014 MU69, el objeto más lejano visitado jamás por el ser humano. Lógicamente, este no era un nombre atractivo, ni fácil de recordar, por lo que previamente se había procedido a buscarle un apodo con más gancho. Para ello se convocó un periodo de votación pública, mucho antes de que la misión llegara a su destino. Tras los resultados, se decidió llamar provisionalmente al objeto, ubicado en el cinturón de Kuiper, Ultima Thule, en honor a una tierra mítica del norte, típica de la literatura medieval europea. Se trataba de una denominación más que apropiada, pues esta ubicación solía describirse como un lugar más allá de las fronteras del mundo conocido. Sin embargo, después de que protagonizara titulares de medios de comunicación de todo el mundo, se encendió una controvertida discusión al respecto, a causa de una connotación mucho menos agradable, que evocaba algo tan terrible como el régimen nazi. Esto, lógicamente, incumplía la normativa de la Unión Astronómica Internacional, por lo que ha sido necesario buscar un nuevo nombre.

Un nombre más apropiado

A principios del siglo XX, algunos grupos radicales de extrema derecha tomaron el nombre de aquella tierra mítica medieval para referirse al hogar ancestral legendario del que ellos conocían como el “pueblo ario”.

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Nació así la Sociedad Thule, que más tarde se convertiría en el partido dirigido por Adolf Hitler. Lo que ocurrió después es historia. Una parte muy triste de nuestra historia. Por eso, no es extraño que hayan surgido protestas con respecto al nombre elegido para este objeto astronómico. Afortunadamente, era un apodo provisional, por lo que el nombre definitivo estaba aún vacante. Sin embargo, esta vez debían andarse con cuidado, con el fin de elegir un título que hiciera honor a la importancia de la misión, sin halagar indirectamente a colectivos que atentaran contra los derechos humanos.

Esta vez no se llevó a cabo ninguna votación, sino que fue el propio equipo de New Horizons el que decidió bautizar definitivamente al objeto como Arrokoth, que significa “cielo” en el idioma Powhatan de los nativos americanos. Lógicamente, la decisión tuvo que ser aceptada por la Unión Astronómica Internacional, pero los miembros de la misión también le daban mucha importancia a contar con la aprobación del pueblo Powhatan. Por eso, se pusieron en contacto con Phoebe Farris, una profesora emérita de arte y diseño de la Universidad de Purdue, cuya ascendencia procede de la tribu Powhatan-Pamunkey. Ella se encargó de hablar con algunos de los ancianos de la misma, que no dudaron en dar su consentimiento.

La propia Farris se mostró muy agradecida y conforme con la decisión de la NASA, alegando que, al ser los nativos americanos los habitantes originales de lo que ahora es Estados Unidos, es apropiado que los descubrimientos que se hagan desde allí lleven nombres indígenas.

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De hecho, esta fue una de las razones que llevó a elegir el nombre, ya que la misión New Horizons se ha operado desde sus inicios en el Laboratorio de Física Aplicada Johns Hopkins, ubicado cerca de la Bahía de Chesapeake, que forma parte de los terrenos Powhatan.

Finalmente, el lugar más lejano al que el ser humano ha viajado jamás tiene un nombre que hace honor a su importancia, sin ofender la memoria de los millones de personas que murieron a causa del nazismo. Jamás se deberían promover nombres o símbolos relacionados con un genocidio, sea el que sea. La NASA lo sabe, y ha actuado en consecuencia.