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¿Por qué olvidamos cosas que acabamos de decir o hacer?

¿Qué te he contado? ¿Dónde acabo de dejar las gafas? No recordar lo último que has dicho o hecho tiene una explicación neurológica. Aunque en personas sanas son olvidos sin importancia, es posible identificar la causa y reducir su frecuencia.

“Los procesos de aprendizaje de tareas o de hechos constan de diferentes fases y es importante saber en cuál se produce alguna disfunción que causa estos olvidos. La primera es la fase de retención de la nueva información, y en ella es posible que no prestemos la suficiente atención o que no tengamos la motivación y el interés necesarios. En la segunda fase puede aparecer un problema de consolidación en las zonas cerebrales que nos permiten grabar esos mensajes. Lo que podría pasar en la tercera es que aparezca un trastorno de evocación: aunque hayamos prestado atención a la información y esté consolidada, después nos cuesta trabajo recuperarla por problemas cerebrales”, expone Félix Viñuela, coordinador de la Sección de Neuropsicología de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

¿Es cosa de la edad? “Suele haber más problemas de evocación según se van cumpliendo años  por una cuestión de envejecimiento fisiológico, ya que los procesos cognitivos funcionan de forma más lenta y cuesta más trabajo recuperar la información”, reconoce este experto. Sin embargo, con el envejecimiento patológico se suele ver afectada la fase de consolidación. Es lo que sucede en la enfermedad de Alzheimer.

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Los típicos olvidos de las madres

Los olvidos benignos (los contrarios a los patológicos) no son más frecuentes en mujeres que en hombres, no es una cuestión de sexo. Sin embargo, hay un caso en el que ellas lo sufren con más asiduidad. Y también tiene su porqué.

“Para recordar algo es necesario haberlo aprendido. Cuando las madres están centradas en realizar 10 tareas a la vez no tienen recursos de atención para otra más. La primera fase de aprendizaje de información requiere precisamente eso: atención, y ésta es un recurso limitado”, dice el neuropsicólogo de la SEN.

Factores que intervienen en estos olvidos

Respecto a los factores que intervienen en los olvidos de cosas que acabamos de decir o hacer, “el estrés y el cansancio influyen en gran medida en la primera fase, porque disminuyen la capacidad de atención, que es la puerta de entrada de la información que después tiene que instalarse en la memoria”. Así lo afirma Viñuela.

El tipo de alimentación que se lleve puede afectar más al segundo proceso, el de consolidación. El cerebro reconstruye recuerdos recodificándolos en circuitos cerebrales. Por ello, necesitamos que este órgano esté bien alimentado para que pueda reorganizarse y crear nuevos circuitos.

Pero, además, contribuyen muchos otros factores, siendo uno de ellos el estado de ánimo. “Si focalizamos hacia nuestro interior para intentar solventar los problemas, prestaremos menos atención a lo que sucede en el exterior y tendremos más dificultades para concentrarnos”, comenta el miembro de la SEN.

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Nuevas tecnologías: lo visual predomina sobre lo lingüístico

“El proceso de atención lo que hace es seleccionar la información que es relevante recordar y desechar un montón de estímulos que recibimos a lo largo del día y que consideramos que no tienen importancia. Ahí radica su necesidad, para no almacenar un montón de situaciones sin trascendencia. La patología que no logra ese objetivo es la hipertimesia (recordar en exceso)”, resume Viñuela.

Para este neuropsicólogo, es más preocupante o patológico que olvidemos hechos relevantes que no deberíamos descartar que otros que sean intrascendentes.

En la era de las nuevas tecnologías, describe el experto, “hay un exceso de estimulación, obligándonos a ser más selectivos a la hora de decidir qué procesos tenemos que memorizar. Además, el exceso de lo visual va en detrimento de lo lingüístico, aspecto que necesitamos para interpretar la información. Tenemos mucha más información, pero somos capaces de analizarla con menos profundidad. El motivo es que lo visual predomina sobre lo lingüístico. A su vez, esa información deja menos huella porque no la hemos comprendido del todo ni interiorizado”.

Ejercitar el cerebro para reducir su frecuencia

Lectura diaria. Viñuela ofrece este consejo directo y conciso para entrenar el cerebro y minimizar los olvidos benignos. Otra recomendación es llevar una buena alimentación, que sea sana y variada. La dieta mediterránea puede ayudar a ello.

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“El cerebro no se daña por ejercitarlo. Es el único órgano que mejora cuanto más lo usas”, concluye el neuropsicólogo.

 

 

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