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Ni de arroz ni de papel: por qué prohibir las bolsas de plástico no acabará con el problema

Los plásticos lo inundan todo, contaminan, provocan la muerte de animales y pueden tardar siglos en descomponerse, así que muchos gobiernos se han puesto serios con este problema… O no. A nuestro alrededor gran parte de las cosas cotidianas están hechas de plástico, pero la legislación ha comenzado por lo más superfluo y evidente: las bolsas de la compra.

En España, donde se prohibirán desde 2021, ya se cobran de forma obligatoria. Los países que han establecido una eliminación total o parcial ya se cuentan por decenas y pertenecen a todos los continentes (la mayoría de los más restrictivos son africanos). En otros muchos tratan de reducirse por medio de impuestos, pero nuevos estudios apuntan a que no es una medida tan importante como podríamos imaginar.

Dentro de Estados Unidos, California fue el estado pionero al prohibir las bolsas de plástico: desde 2016 fueron eliminadas en todas las tiendas. Sin embargo, tres años más tarde, un estudio publicado en la revista Journal of Environmental Economics and Management analiza el impacto de esta medida y los resultados no son tan positivos como cabría esperar.

La prohibición ha logrado eliminar las 20 millones de toneladas de bolsas de la compra que se dispensaban cada año, pero esta cifra se compensa con un aumento de las bolsas de basura de unos 6 millones de toneladas. La venta de este artículo se incrementó de forma espectacular, porque los californianos ya no pueden usar las bolsas de plástico conseguidas en las tiendas para tirar sus residuos. Antes de la prohibición, se reutilizaban para este fin entre el 12% y el 22%, lo que evitaba la fabricación de muchísimas bolsas nuevas específicas para la basura.

(Foto: EFE)
(Foto: EFE)

Los autores del estudio alertan de que este tipo de datos no se suelen tener en cuenta a la hora de evaluar el efecto de ciertas regulaciones y que, por lo tanto, se exageran los beneficios que aportan las nuevas normativas medioambientales. Además, la investigación alerta de otro efecto perverso: el consumo de bolsas de papel se ha disparado hasta más del doble de la cantidad del plástico ahorrado, llegando a 80 millones de toneladas, con el consiguiente incremento de las emisiones de CO2 por la producción y distribución de este artículo.

Ni de papel ni de algodón

En 2018, un informe del Ministerio de Medio Ambiente y Alimentación de Dinamarca ya se había mostrado muy crítico con la sustitución de bolsas de plástico por las fabricadas con otros materiales. Al analizar los efectos de la producción y utilización de bolsas de algodón orgánico, llegó a la conclusión de que habría que utilizar hasta 20.000 veces una de este material para que tuviese un impacto medioambiental menor que una de plástico teniendo en cuenta indicadores muy diversos, especialmente los relacionados con el cambio climático. Si es una de papel, tendría que reutilizarse 43 veces.

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“Está muy bien tomar medidas políticas, son necesarias, pero deberían ir siempre acompañadas por campañas de información y sensibilización. Si prohíbes las bolsas de plástico y no das alternativas de otro tipo, lo que haces es trasladar el problema a otros materiales”, afirma Gema Alcañiz, técnico de medio ambiente en Imedes, spin-off de la Universidad de Valencia que trabaja en economía circular y sostenibilidad.

Dos bolsas de tela con el mensaje 'Di no a las bolsas de plástico'. (Foto: EFE)
Dos bolsas de tela con el mensaje ‘Di no a las bolsas de plástico’. (Foto: EFE)

En su opinión, la prohibición de las bolsas de plástico debería ir encaminada a reducir la cantidad de residuos en general, no a cambiar un tipo de residuo por otro: “El mejor residuo es el que no se produce, hay que explicarle a la gente que no siempre necesita una bolsa”, comenta. El mejor ejemplo está en las farmacias: “Te daban una bolsita pequeña con una caja de pastillas. Después, esa bolsa no sirve absolutamente para nada y en realidad podías meter la caja de pastillas en un bolso, pero la cogíamos porque era gratis”.

En su opinión, alternativas como las bolsas biodegradables tampoco solucionan el problema, porque “la gente piensa que se deshacen, pero la realidad es que igualmente tardan mucho en descomponerse”.

Una vida sin plásticos

Patricia Reina y Fernando Gómez, autores del libro Vivir sin plástico y de la web homónima tienen mucha experiencia que aportar. “Siempre hemos sido personas concienciadas por el medio ambiente, estábamos generando más residuos de lo que nos hubiera gustado y a mi pareja se le ocurrió que podíamos empezar a vivir sin generar residuos, al menos, plásticos”, narra Fernando.

“Cuando empiezas te parece que todo es imposible. En el trabajo yo comía sándwiches que venían en film de plástico pero tomar una decisión así te hace cambiar otras cosas de tu vida y te das cuenta de que no necesitas esos sándwiches, que puedes llevar uno de casa o comprar fruta. Existen alternativas para casi todo, todavía puede haber cosas imposibles de sustituir, pero pocas”, asegura.

En su caso, la decisión de prescindir del plástico les ha llevado a otro tipo de reflexiones y de formas de consumo. Por eso no necesitan comprar bolsas de basura. “Intentamos generar los mínimos residuos que sea posible, hacemos compost en casa, pero antes de eso, los guardábamos en recipientes y los llevábamos a un huerto urbano que tenemos cerca”, comentan.

Por sí mismos, Patricia y Fernando han llegado a hacer una reflexión que parece extraída del estudio sobre la retirada de las bolsas de la compra en California. “No tiene sentido intentar evitar el plástico y seguir consumiendo papel, sustituir un material por otro. Lo suyo es reutilizar y generar el mínimo de residuos posible. Al final te das cuenta de que tampoco hace falta consumir tanto”, declara. Además, les salen las cuentas: “Hay cosas más caras pero al final las ahorras por otro lado”, asegura.

No obstante, “no se trata de vivir sin plástico al 100%, cada uno debería reducirlo dentro de sus posibilidades y dentro de lo que se sienta cómodo. Podemos prescindir de gran parte sin sentir que hacemos nada especial, pero entiendo que no es fácil y que no todo el mundo está dispuesto”.

En su caso, tan sólo hace cuatro años que decidieron cambiar, pero aún así han visto una gran evolución en la sociedad con respecto a esta cuestión. “Al principio, cuando se lo comentábamos a la familia y a los amigos, no sabían qué problemas traía el uso del plástico. Por suerte, ahora ya todo el mundo es consciente, pero estamos tan metidos en nuestra forma de consumir que no hacemos nada, nos cuesta mucho cambiar”.

“Moda contra el plástico”

Según Gema Alcañiz, responsable de educación ambiental en su empresa, “hay una moda contra el plástico”, pero carece de sentido si sólo es por el tipo de material. “Guerra al plástico, sí, pero que sea por el hecho de utilizar recursos que no necesitamos. Si simplemente cambiamos vasos y platos de plástico por otros compostables, es cierto que tendremos residuos más fáciles de gestionar, pero en el fondo sólo habremos pasado el problema a otro tipo de producto cuando además tenemos una alternativa clara, usar platos y vasos reutilizables”, los de toda la vida.

Lo mismo ocurre con las pajitas. “Hay establecimientos que presumen de ecológicos porque han cambiado las pajitas de plástico por las de papel, pero el papel también hay que producirlo, transportarlo y gestionarlo como residuo. Y en realidad las pajitas no hacen falta”, asegura.

(Foto: EFE)
(Foto: EFE)

Según esta experta, la obsesión contra el plástico procede de una imagen que no se ajusta a la realidad. “De repente ha surgido la idea de que hay que prohibir las bolsas de plástico porque todas acaban en el mar. Yo no digo que no haya algún caso, pero en España las bolsas que tiras al contenedor van a plantas de tratamiento genéricas o de envases si la tiras al contenedor amarillo. De ahí, al reciclaje o al vertedero. No hay que prohibir las bolsas de plástico para salvar los mares, hay que prohibirlas porque es un residuo superfluo fácil de evitar”, añade.

Las fotografías de playas y ríos llenos de residuos plásticos en realidad no suelen proceder de los países desarrollados. Según una investigación publicada en Science en 2015, menos del 5% de los residuos plásticos que acaban en el océano proceden de países de la OCDE. La mitad de ellos son atribuibles a sólo cuatro países: China, Indonesia, Filipinas y Vietnam. Entre ellos, China se lleva la palma, porque contribuye con más del 27%. Sin embargo, las bolsas de plástico no son determinantes en ese dato, porque fueron prohibidas parcialmente en ese país ya en 2008.

(Foto: EFE)
(Foto: EFE)

De hecho, un estudio publicado en Plos One en 2014 indica que sólo el 0,8% de los residuos plásticos marinos corresponden a bolsas. Las botellas son un 4,9% y otro tipo de recipientes, un 15%. La inmensa mayoría, más del 70% del plástico del mar, proceden de la industria pesquera.

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Estos datos hacen que algunos expertos se cuestionen si el rumbo emprendido por muchos países es el correcto. El escritor y ambientalista danés Bjørn Lomborg, autor del polémico libro ‘El ecologista escéptico’, cree que la prohibición total del plástico nos llevaría a una situación peor y que habría que poner en la balanza los beneficios que los materiales de plástico han traído para el desarrollo. En su opinión, en lugar de abordar el problema a gran escala, se pone el acento en “cambios relativamente pequeños que involucran a los consumidores” y que no son más que migajas.

Hay quien compra productos ecológicos y coge un aguacate en una bandeja y envuelto en plástico

Para Gema Alcañiz, el papel de los consumidores sí es determinante, porque provoca otros cambios siempre que la ciudadanía sea responsable y esté concienciada y bien informada, lo que aún está lejos de suceder. “La gente no sabe lo que pasa con su basura. Nosotros organizamos actividades de educación ambiental y cuando realizamos visitas a una planta de tratamiento de residuos los más sorprendidos son los adultos, salen cambiados porque no se habían planteado nunca lo que cuesta gestionar los desechos”, asegura.

En su opinión, no es una cuestión de concienciación, sino de falta de información. “Hay quien compra productos ecológicos y coge un aguacate que viene de Costa Rica en una bandeja y envuelto en plástico. Lo siento mucho, pero el aguacate producido en España sin ser ecológico, pero que ha viajado mucho menos y no tiene embalaje va a generar muchas menos emisiones”, explica. Por eso, reclama que los productos indiquen cuál es su huella de carbono en el etiquetado.



Source : elconfidencial

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