El cambio climático tiene consecuencias para todos los seres que habitan la tierra, no solo para los humanos, aunque estemos tan ciegos que solo nos fijemos en nuestra propia especie. El pasado mes de enero, el calentamiento global, junto con otras variantes, se cobró su primera víctima del año: George, el último Achatinella apexfulva (caracol hawaiano), fallecía dejando a este planeta con una especie menos. En lo que llevamos de año, esta no es la única extinción que hemos vivido, en febrero se produjo la extinción de la rata Melomys rubicola.

Sin embargo, mientras algunas especies se extinguen a causa del cambio climático, otras encuentran estrategias adaptativas para sobrevivir. O más que encontrarlas, las vuelven a utilizar. Es bien sabido que los reptiles llevan en la Tierra bastante más tiempo que nosotros y que, incluso, se llegaron a codear con los dinosaurios. Y a pesar de vivir exactamente la misma situación que ellos, muchos reptiles sobrevivieron.

Para los mamíferos el sexo se suele determinar, sobre todo, a través de los cromosomas, aunque siempre hay excepciones. En el caso de los reptiles, no siempre es así. En algunas especies es la temperatura la que determina cuál será el sexo del embrión que se encuentra en el huevo durante la incubación. También las hay que mezclan varios factores más complejos, pero en este caso nos interesa fijarnos en aquellas especies que determinan que el animal será macho o hembra según la temperatura en la que se desarrollan.

Algunas especies de tortugas se mueven dentro de sus huevos antes de eclosionar y este tipo de moviento pueden determinar si será macho o hembra. “Demostramos previamente que los embriones de reptiles podían moverse dentro de sus huevos para la termorregulación”, explica el profesor Wei-Guo Du de la Academia de Ciencias de China en un comunicado de prensa. “Así que teníamos curiosidad sobre si esto podría afectar su determinación sexual“. Y, según parece en el estudio publicado en Current Biology, la conclusión es afirmativa.

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La especie escogida para llevar a cabo este experimento ha sido la Mauremys reevesii, una tortuga de agua dulce. Du halló que de un extremo al otro de un huevo podía haber una diferencia de hasta 4,7 grados centígrados en el pico más alto del día. En esta diferencia de temperaturas se encuentra dentro la posibilidad de que afecte a los huevos para determinar el sexo del embrión. Y esto significa una cosa: las tortugas podía moverse dentro del huevo de un lado a otro para influir en su sexo futuro.

Para asegurarse del todo de que esto era así, Du realizó un experimento con dos grupos distintos de embriones, a unos los dejó nacer tal cual y, a otros, les aplicó capsazepina química, una sustancia que interfiere con la habilidad de los reptiles para detectar la temperatura en el huevo, reduciendo la posibilidad de moverse debido a las temperaturas.

¿Cuál fue el resultado? En los meses frío, los huevos con capsazepina daban lugar a machos mientras que los meses más calientes, nacía hembras. Mientras que aquellos huevos a los que no se les aplicó dicha sustancia, la proporción fue similar en los dos meses que se realizó el experimentos, es decir, nacieron más o menos el mismo porcentaje de hembras que de machos (no fueron mitad y mitad, pero sí se mantuvieron los porcentajes similares entre ellos de un mes a otro). Por otra parte, el equipo de Du señala que la capsazepina no hizo que hubiera una diferencia en la supervivencia general de las tortugas.

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Este experimento ayuda a explicar cómo las especies que usan la determinación del sexo dependiente de la temperatura han sobrevivido a grandes cambios en el clima en el pasado. Además, Du calcula que este efecto significa que el sesgo sexual inducido por el calentamiento global entre algunas especies puede no ser tan malo como se temía anteriormente. Y teniendo en cuenta que se ha advertido que para 2100 solo nacerían un 0,14% de tortugas bobas macho en las Islas de Cabo Verde, este nuevo hallazgo es positivo.

No obstante, no todo siempre son buenas noticias. Según advierten Du y su equipo, existen limitaciones sobre cómo de efectivos pueden ser los movimientos dentro del huevo, dependiendo del gradiente de temperatura que haya en el interior, y cómo de caliente esté el huevo antes de que el embrión pueda moverse.