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La cruzada contra la tuberculosis

En 1917, Alfonso XIII y Victoria Eugenia inauguraban un sanatorio que aún presenta unos extraños símbolos, que representan la cruzada contra la tuberculosis. Esta es su historia.

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¿Qué tuvieron en común Alfonso XII, George Orwell y Eleanor Roosevelt? Los tres murieron por la conocida como peste blanca, una dolencia ya descrita por Hipócrates en el año 460 a.C. La tuberculosis posiblemente sea la enfermedadque más daño ha causado a la especie humana, dejando tras de sí un elevado número de fallecidos y un rastro imborrable en la historia, la literatura, la medicina o el arte.La cruz de doble barra fue elegida como símbolo de la lucha contra la tuberculosis

El recuerdo de la tisis o consunción viene a nuestra memoria al pasear por el antiguo Hospital de Cantoblanco (Madrid), un centro médico construido para el tratamiento de tuberculosos. A los pies del monte de Valdelatas, el sanatorio fue inaugurado por los reyes Victoria Eugenia y Alfonso XIII en 1917 con el objetivo de acoger a los pacientes con menos recursos económicos. Parte de este complejo alberga hoy el IMDEA Alimentación, un instituto de investigación que abre sus puertas con motivo de la Semana Europea de la Biotecnología.

El Dr. Guillermo Reglero, director del centro, señala una de las columnas de ladrillo que forman parte del edificio. La cruz de Lorena, dibujada en piedra, se repite en todos y cada uno de los pilares exteriores del antiguo sanatorio. Un símbolo elegido como insignia internacional de la lucha contra la peste blanca en el IV Congreso Internacional de la Tuberculosis, celebrado en Berlín en 1902.

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Allí Gilbert Sersiron, secretario general de la Federación de Asociaciones Francesas contra la Tuberculosis, propuso adoptar el estandarte que Godofredo de Bouillon, príncipe de Lorena (Lorraine, en francés), utilizó al conquistar Jerusalén en el año 1099. Esta vez la cruzada no tenía motivos religiosos, sino puramente científicos y médicos: acabar con una enfermedad infecciosa que había provocado la muerte de millones de personas. Comenzaba así la cruzada antituberculosa.

La marginación social

La propuesta de Sersiron no sería adoptada oficialmente hasta 1928, año en el que el Consejo de la Unidad Internacional Contra la Tuberculosis oficializó el uso de la cruz de doble barra como símbolo de la lucha contra la tuberculosis. El icono, sin embargo, sería posteriormente recordado como emblema de las tropas de Charles de Gaulle frente a la esvástica nazi..El emblema también se empleó durante la II Guerra Mundial

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Dos cruces, dos ideologías, una sola guerra. La batalla por una Francia libre contra la invasión del ejército de Adolf Hitler eclipsó el uso de la cruz de Lorena como símbolo contra la tuberculosis. En el siguiente ex libris se puede apreciar la propaganda de las tropas aliadas francesas, que luchaban para que la cruz de Lorena «aplastara» la esvástica nazi -acompañándola con la «V» de victoria, como se ve en la imagen-.

Antes de la II Guerra Mundial, la cruz de doble barra representaba los esfuerzos de investigadores y médicos por curar una enfermedad que había marcado el siglo XIX. No en vano la tisis también fue conocida como «el mal del Romanticismo», caracterizado por una tos intensa durante más de tres semanas -a menudo con sangre o esputo-, dolor en el pecho, fatiga, fiebre o sudores nocturnos..La tisis afectó especialmente a las clases obreras, debido a la falta de higiene y salubridad

Los jóvenes aquejados de tuberculosis estaban rodeados por un halo de misterio, melancolía y sensibilidad. Por aquel entonces, la tristeza era fuente de inspiración de la creación literaria de la época. Se decía también que la tisis era una suerte de «mal hereditario» que afectaba a los ricos, los jóvenes y las mujeres. A mediados del siglo XIX, la sociedad cambia su actitud hacia los tuberculosos, que pasan a ser auténticos marginados sociales.

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La tuberculosis no era una enfermedad de ricos, sino que afectaba especialmente a los barrios más pobres, donde la falta de higiene y salubridad promovieron la expansión de la bacteria que causaba la enfermedad,Mycobacterium tuberculosis. La marginación de los pacientes llegó a afectar incluso a Frédéric Chopin, quien tuvo verdaderos problemas para instalarse en Palma de Mallorca y Barcelona.

Desde este momento causamos horror y espanto a la población. Nos declararon atacados y convictos de tisis pulmonar, lo cual equivale a la peste en las preocupaciones contagionistas de la medicina española.

La enfermedad real

En 1882, el microbiólogo alemán Robert Koch haría un descubrimiento que cambiaría para siempre el abordaje de la tuberculosis. La identificación deMycobacterium tuberculosis -conocido popularmente como «bacilo de Koch»- permitió reducir parte del estigma que pesaba sobre los pacientes. La tisis era en realidad una enfermedad infecciosa, como demostró Koch al aislar el microorganismo e inocularlo de nuevo en animales de experimentación, que desarrollarían la patología.El descubrimiento del bacilo de Koch y el desarrollo de la estreptomicina fueron dos hitos clave en la cruzada contra la tuberculosis

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En 1890, el propio Koch presentó los resultados sobre la tuberculina, una sustancia aislada de los cultivos bacterianos que pensaba podría curar la enfermedad, aunque producía grandes reacciones de hipersensibilidad en los pacientes. La creencia de que la tisis afectaba la función cardíaca y la circulación pulmonar llevó posteriormente a la creación del primer sanatorio antituberculosos en los Alpes.

En el caso de España, el primer centro de este tipo se creó en el balneario de Busot (Alicante), de carácter privado. El sanatorio público pionero de este tipo fue construido en Porta Coeli (Valencia), donde se recomendaba el aire puro, la alimentación abundante y el reposo como formas para «curar» la tuberculosis. Sin embargo, la medicina no contó con un tratamiento efectivo contra la infección hasta la llegada de la estreptomicinaen 1943. Selman A. Waksman recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina nueve años más tarde, aunque el descubrimiento correspondió a un estudiante de su grupo, Albert Schatz.

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Special Collections and University Archives, Rutgers University Libraries

Pero el verdadero impulso de la lucha contra la tuberculosis en España se debió a un suceso trágico. El 25 de noviembre de 1885, el rey Alfonso XII fallecía en El Pardo debido a la infección de Mycobacterium tuberculosis. La muerte del monarca ocurrió seis meses antes del nacimiento de su tercer hijo, Alfonso XIII, que ascendió al trono concienciado para combatir la tisis. Así fue como el nuevo soberano emprendió una cruzada contra la enfermedad, algo similar a lo que ocurrió en Estados Unidos con la historia del presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt y la batalla contra la polio.La muerte del rey Alfonso XII impulsó la lucha contra la tuberculosis en España

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Alfonso XIII promovió la creación de centros como el de Cantoblanco, además de promover campañas contra la tuberculosis al ver la situación de comarcas como Las Hurdes, que visitó en compañía del Dr. Gregorio Marañón. De este modo la infección de los marginados se transformó en una enfermedad «real», a la que se combatió con la creación de decenas de sanatorios para tuberculosos.

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Jayma photography ltd (Wikimedia)

Muchos de estos centros, hoy abandonados como el de Sierra Espuña, han sido objeto de leyendas paranormales, alejadas de cualquier tipo de evidencia científica. La realidad es que los antiguos sanatorios, creados en la cruzada contra la tuberculosis, se cerraron tras los avances de la medicina con el desarrollo de antibióticos contra la tisis. Pero la lucha contra esta enfermedad infecciosa no ha terminado todavía. La «cruz de la vida», como también fue llamada la cruz de Lorena, simboliza la batalla contra una bacteria que a día de hoy se ha vuelto resistente y multirresistente.La cruzada aún no ha terminado, debido a los problemas de resistencia a los tratamientos convencionales

Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud, nueve millones de personas fueron infectadas en 2013, y 1,5 millones fallecieron a causa de la enfermedad. La proporción de tuberculosis resistente fue del 3,5% en 2013, aunque en algunas partes del mundo los niveles de resistencia y los malos resultados terapéuticos fueron «muy preocupantes», de acuerdo a la OMS.

La mejora de los procedimientos de diagnóstico y el desarrollo de nuevos tratamientos, gracias a la biotecnología, ayudará en esta nueva cruzada contra la tuberculosis. Una lucha representada por el emblema del antiguo hospital de Cantoblanco, que también nos enseña que la batalla contra este microorganismo patógeno aún no ha terminado.

 

 

 

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