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Fallout Shelter: no hay lugar para el amor en un refugio nuclear Leer más: Fallout Shelter: no hay lugar para el amor en un refugio nuclear

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Este juego ambientado en el universo Fallout llega a Android tras su exitoso paso por iOS. Además de aprovechar dignamente el modelo ‘freemium’, ofrece una serie de interesantes lecturas adicionales

Pocos juegos han recreado con tanto acierto el desolado futuro al que se enfrentaría el ser humano de tener lugar una guerra nuclear como la saga Fallout. Ahora llega a Android Fallout Shelter tras su exitoso paso por iOS. Se trata de un aperitivo antes del esperadísimo Fallout 4, pero en ocasiones los entrantes son mejores que el plato principal.

Como videojuego, el mayor logro de Fallout Shelter es sacar partido al odiado modelo freemium de forma digna y convincente donde otros fracasan estrepitosamente. Quizá el mejor ejemplo sea Angry Birds 2, un buen juego en teoría cuya experiencia resulta comparable a intentar ver Los Simpson en Antena 3: el producto es bueno aunque ya canse, pero al final lo único que haces es ver anuncios. El título de Bethesda, gratuito, ofrece compras opcionales. Pero estas son absolutamente opcionales y no empastran el resultado final como suele ocurrir.

Fallout Shelter es, sin embargo, mucho más que un videojuego (qué bien queda decir eso). El concepto de arte en esta industria queda reservado para grandes producciones y joyas independientes, pero no suele usarse demasiado para una app de tableta que usa el sistema freemium, aunque lo haga como ningún otro (salvo quizás Hearthstone) antes. Pero las cosas cambian cuando entra en escena una empresa como Bethesda, capaz de convertir una simple aplicación en algo más.

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La historia resultará familiar a cualquiera que conozca la saga: tras una guerra nuclear EEUU ha quedado convertido en un yermo estéril y contaminado. El ser humano sobrevive en refugios subterráneos autosuficientes aislados del exterior. Porque “la guerra no cambia nunca” y todo eso.

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El juego nos convierte en el dueño y señor de uno de estos refugios, que bautizaremos con un número (101 o cualquier otro). El objetivo será gestionar esta ciudad subterránea, asegurando que sus habitantes sean felices. La mecánica, como es obligatorio en este género, aumenta progresivamente la dificultad conforme nuestro búnker se llena con más y más moradores, habitaciones y máquinas. Conseguir suficiente comida, energía y agua limpia y defender el fuerte de invasiones y monstruos será más y más difícil conforme pasen las horas.

¿Seres humanos o ratas de laboratorio?

La gracia de Fallout Shelter está en lo que no cuenta, o al menos en lo que cuenta de forma menos obvia. Aquí la estética es la clave: personajes sonrientes, de dibujos animados, ataviados en ocasiones con ropa de los años 50 y música acorde con el tiempo. Si dejamos de jugar sin pensar y nos ponemos a observar detenidamente lo que ocurre, las reflexiones que dan lugar son terroríficas.

La magia de ‘Fallout Shelter’ es cómo nos convierte en un Gran Hermano. Un monstruoso dictador que empareja seres humanos como ratas de laboratorio

“Me encanta mi trabajo” es una frase que cobra un significado totalmente diferente cuando sale de la boca de un trabajador que se ha pasado toda su vida ocupándose del mantenimiento de una turbina sin ver la luz del sol y que tiene una deslumbrante sonrisa a pesar de vestir harapos. Los que conocemos el universo Fallout somos conscientes del adoctrinamiento que tiene lugar en este tipo de refugios, donde se educa a los niños para reforzar la comunidad de forma un poco fascista. El surrealismo máximo llega cuando vemos a nuestros dichosos moradores luchar contra invasores o apagar fuegos con una radiante sonrisa de oreja a oreja. Corea del Norte en versión subterránea.

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Volviendo a los niños, estos también dan una lectura interesante al título. Existen dos formas de incorporar moradores al refugio. Una es rescatarlos del exterior, tarea difícil y bastante lenta. La otra es a la vieja usanza: chico conoce a chica.

Con el sistema tradicional biológico se produce una curiosa evolución en nuestro refugio: este se convierte en una comuna hippy en la que la monogamia es inexistente. No existe el concepto de pareja en el juego más allá del sexo puntual, por lo que es nuestra tarea recordar quién estaba con quiénsi queremos que esta se mantenga. Lograrlo es imposible conforme el número de habitantes aumenta, por lo que al final difícilmente una mujer tendrá descendencia dos veces con el mismo hombre.

En este sentido, las habitantes femeninas de nuestro refugio se convierten en un recurso tan valioso como peligroso. Son las dadoras de vida, y puesto que el embarazo lleva bastante tiempo, sólo con un buen número podremos garantizar que la población aumente. El problema es que, mientras dura la gestación, las mujeres resultan menos útiles estratégicamente hablando: no pueden llevar trajes especiales (que aumentan las habilidades) y aunque porten armas no las utilizarán, pues ante cualquier pelea huirán a otra habitación sin defender el refugio.

El surrealismo máximo llega cuando vemos a nuestros felices moradores luchar contra invasores o apagar fuegos con una radiante sonrisa de oreja a oreja

El gran final llega cuando pensamos en esos seres humanos felices a pesar de trabajar todo el día a cambio de casi nada y en esa sociedad herméticamente cerrada, enemiga de todo lo externo. La conclusión de Fallout Shelter es que quizá vivir en un refugio nuclear anclado en los años 50 se parece a nuestro mundo más de lo que creíamos al principio.

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Divagaciones aparte, la magia de Fallout Shelter es cómo nos convierte en un Gran Hermano. Un monstruoso dictador al que sólo le preocupa la felicidad de sus (en realidad) infelices moradores para que trabajen más duro y mejor, aunque lo único que vayan a hacer en su vida sea matar cucarachas, arreglar turbinas y comer bazofia. El endiosamiento llega a su máxima expresión cuando nos sorprendemos emparejando a los dos miembros más valiosos del búnker sólo para que produzcan la mejor descendencia posible, como si fueran ratas de laboratorio. No hay lugar para el amor en un refugio nuclear, pero sí para unas reflexiones sobre las sociedades humanas mucho más profundas de lo que sin duda Bethesda pretendía. Nota: 8.

 

 

[Source link :elconfidencial]

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