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Photoshop

¿En qué formato guardar nuestras fotografías? – Introducción (1)

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Todos hemos pasado por ese momento (o lo haremos): tras hacer un retoque a una foto, por fin has conseguido que el resultado no sea peor que el original. Todo un logro, así que, esta vez sí, quieres guardar tu obra. Pero claro, por falta de costumbre, entonces ocurre lo que menos se esperaría uno: guardar el archivo puede llegar a ser tanto o más difícil que retocarlo, al menos las primeras veces, ya que de entrada, el programa nos ofrece lo que parecen distintos mecanismos para conservar nuestra creación: Guardar, Guardar como…, Guardar para web…, Exportar… Seguramente atinemos a darle al “Guardar como…“, pero entonces el programa nos ofrecerá aproximadamente tropecientos mil formatos posibles entre los que elegir: TIFF, PSD, JPG, GIF, PNG… Al verte incapaz de entender la diferencia entre esos nombres tan extraños como impronunciables, posiblemente acabes eligiendo uno por el riguroso método del “pito, pito, colorito“, y que sea lo que Dios quiera.

El temible, casi escalofriante, cuadro de "Guardar como". Hombres hechos y derechos terminan llorando como magdalenas ante su imponente presencia.

El temible cuadro “Guardar como”, y su no menos estremecedor selector desplegable de formatos. Hombres hechos y derechos acaban llorando como magdalenas ante su imponente presencia.

Sin embargo, la diversión no ha hecho más que empezar: tras elegir un formato, empiezan a aparecerte sucesivas ventanas preguntando cosas muy raras, así que cancelas y eliges otro formato con la esperanza de que haga su trabajo sin dar tanto la lata. ¿Y qué ocurre? Posiblemente, lo mismo: que si entrelazado, que si calidad, que si compresión, que si color indexado, que si no sé cuántos bits por píxel… ¡Y tú que lo único que quieres es guardar tu imagen! ¿De verdad ha de ser tan complicado?

Al final, uno empieza a preguntarse porque se aficionó a la fotografía digital, cuando podría haberse apuntado a un club de ajedrez o haberse comprado un puzzle de 1.000 piezas, y ser feliz sin complicarse tanto la vida.

Cómo guardar en Photoshop (y no morir en el intento)

Los formatos de imagen son uno de tantísimos temas que tenía anotados para tratar en algún vídeo, pero como ya comenté, ahora mismo no me es posible grabar nada, pues como ya sabéis, paso una situación personal durísima causada por los malditos pisos turísticos, así que tendrá que bastar con texto e imágenes hasta que las cosas cambien o yo desaparezca. Explicaré el tema con cierta organización y rigor, profundizando allí donde sea necesario, pero a la vez simplificando el planteamiento general para el caso que nos ocupa, que es la fotografía. Es decir, no voy a hablar de absolutamente todos los formatos, ni mucho menos, porque no nos hace falta.

En esta primera parte de la serie me dedicaré básicamente a hacer algunas aclaraciones “conceptuales”, y ya en las siguientes entradas todo esto se concretará en los distintos formatos de archivo que podemos utilizar. Antes de empezar, aprovecharé este apartado para aclarar la duda del principio sobre las distintas opciones para guardar que podemos encontrar en el menú Archivo, por si alguien anda perdido, cosa que no sería extraña pues como siempre digo, nadie nace enseñado:

Archivo > Guardar como…: Es la opción “básica” para guardar, ya que nos permite especificar cómo queremos guardar el archivo (nombre y formato). El atajo es Ctrl+Mayús+S o Cmd+Shift+Sen mac.
Archivo > Guardar: En este caso, Photoshop guarda directamente, sin preguntar, empleando el formato en el que se abrió el archivo, o si es un archivo que viene de Lightroom, empleando los ajustes definidos en las preferencias de Lightroom. En algún caso, es posible que la opción no esté disponible, por ejemplo si creamos un nuevo archivo desde Photoshop: al no haberse guardado nunca, es obligatorio usar Guardar como... En lo sucesivo, ya podremos usar “Guardar” a secas. Por otro lado, si Photoshop no ha registrado cambios en el documento desde el último guardado, tampoco permite usar esta opción, pues no hay nada nuevo que guardar. El atajo es Ctrl+S o Cmd+Sen mac.
Archivo > Exportar: Dentro de este submenú encontramos varias opciones como Exportación rápidaExportar como… o Guardar para web… Sin entrar en detalles, digamos que son casos concretos, especializados en ciertos formatos para archivos finales (más abajo explicaré a qué me refiero con “archivo final”). Estas opciones no hacen nada que no podamos hacer desde “Guardar como…”, pero sí pueden facilitar y acelerar el trabajo. Hoy por hoy, recomendaría recordar el atajo de Guardar para web…, que es Ctrl+Alt+Mayús+S o Cmd+Opt+Shift+S en mac.

Por último, aprovecho para recordaros que cuando una opción de menú tiene tres puntos suspensivosdespués de su nombre (…), significa que su efecto no se aplicará inmediatamente, sino que siempre se abrirá algún tipo de ventana para pedirnos más datos. Por eso Guardar como… tiene puntos suspensivos (siempre pide nombre de archivo y formato), mientras que Guardar no los tiene, dado que por lo general no será necesario mostrar ninguna ventana adicional.

Detalle del menú archivo: Como veis, "Save as..." (Guardar como...) tiene puntos suspensivos, mientras que "Guardar" (Save) no los tiene. Intrigante...

Detalle del menú archivo: Como veis, “Save as…” (Guardar como…) tiene puntos suspensivos, mientras que “Guardar” (Save) no los tiene. Intrigante…

Archivos de trabajo y archivos finales

Bien, ya sabemos cómo acceder a las opciones para guardar: ahora toca decidir qué función va a cumplir ese archivo guardado, pues en función de ello elegiremos el formato más adecuado. Básicamente podemos distinguir entre dos posibles intenciones a la hora de guardar:

• Guardado de trabajo: Cuando nuestra intención sea conservar intacto todo lo que hemos hecho hasta el momento, necesitaremos un formato capaz de incluir en el archivo todo nuestro trabajo, es decir capas de píxeles, capas de ajustes, capas 3D, capas de texto, máscaras, canales, trazados, perfil de color, objetos inteligentes, grupos de capas… Son archivos de gran tamaño (pueden alcanzar varios gigabytes) que solo pueden abrirse e inspeccionarse con Photoshop, si bien es posible obtener una vista previa de su contenido con algunos programas.

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• Guardado final: En este caso, lo que queremos es un simple archivo de imagen que podamos enviar a otra persona, subir a una página web (flickr, facebook, etc.) o llevar a imprimir. No necesitamos que toda la “receta” de la imagen esté en ese archivo: solo queremos ese resultado al que hemos llegado, lo que se ve en la pantalla por así decirlo, sin más complicación. Los archivos finales ocupan un tamaño en disco menor y pueden abrirse en cualquier equipo (o casi).

Un archivo de trabajo utiliza formatos que permiten guardar todas las capas (imagen de la izquierda). Un archivo final, en cambio, suele tener únicamente una capa "Fondo" (imagen de la derecha).

Un archivo de trabajo utiliza formatos que permiten guardar todas las capas (imagen de la izquierda). Un archivo final, en cambio, suele tener únicamente una capa “Fondo” (imagen de la derecha).

Cuándo optar por un archivo de trabajo y cuándo por un archivo final

Si estamos trabajando con nuestro archivo y la cosa está a medias, lo normal es que vayamos haciendo guardados “de trabajo” por si acaso, ni que sea por miedo a que se vaya la luz o algún inepto tropiece con el enchufe (a menos que tengáis un SAI –). Pero bueno, incluso dejando de lado las posibles catástrofes, lo normal es que un retoque importante requiera más de un día. Es más, en el caso de un retoque de varias horas, es muy recomendable valorarlo con un par de ojos “frescos” al día siguiente antes de darle el visto bueno definitivo. Para eso, necesitamos crear un archivo de trabajoque podamos abrir en un momento posterior para continuar desde el punto en el que estábamos. Es decir, todo seguirá igual que cuando lo guardamos (salvo la paleta Historia, que se vacía al cerrar el documento).

Un archivo de trabajo  no incluye cosas ajenas a la estructura o contenido del documento, como los ajustes del pincel o el espacio de trabajo. Los estados previos del documento (paleta Historia) tampoco se guardan. Por tanto, nunca guardéis y cerréis Photoshop pensando que mañana podréis reabrir el archivo y hacer Ctrl+Z para deshacer el último paso.

Un archivo de trabajo no incluye cosas ajenas a la estructura o contenido del documento, como los ajustes del pincel o el espacio de trabajo. Los estados previos del documento (paleta Historia) tampoco se guardan. Por tanto, nunca guardéis y cerréis Photoshop pensando que mañana podréis reabrir el archivo y hacer Ctrl+Z para deshacer el último paso, ya que no se guarda la historia.

Cuando nuestra creación esté definitivamente terminada, generaremos un archivo final para poder publicar nuestra imagen en web, mandarla al amigo/cliente o lo que sea. Es posible crear varios archivos finales con distintas dimensiones, distintas calidades, modelos de color, etc. según requiera el caso. No obstante, aunque hayamos terminado una imagen y creemos todos los archivos finales que podamos necesitar, posiblemente nos interese conservar también el archivo de trabajo, ni que sea durante un tiempo, por si tenemos que hacer algún cambio o generar un archivo final distinto. Es decir, se puede ir del archivo de trabajo al archivo final, pero no al revés, ya que el archivo final ya ha descartado información que no podemos recuperar. Eso sí: pasado un tiempo prudencial, yo recomendaría ir borrando los archivos de trabajo que previsiblemente no vayamos a necesitar más, pues contienen una enorme cantidad de información y pueden llegar a ocupar muchísimo espacio, incluso varios gigabytes. Aunque es como todo: quien tenga suficiente dinero y espacio para conservar un montón de dispositivos de almacenamiento y sus respectivas copias de seguridad, adelante con ello, especialmente si lo requiere por cuestiones profesionales (no es lo mismo un encargo de un cliente que puede pedirte cambios el año que viene, cuando se repita la misma campaña, o que puedas usar como plantilla para otros casos, que una imagen personal que pones en flickr y ya no va a tener más recorrido).

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Compresión de archivos: con pérdida y sin pérdida

Aclarada esta distinción previa entre archivos de trabajo y archivos finales, quiero hablar también de un concepto que nos encontraremos por el camino: la compresión del archivo. La compresión, en este contexto, es una técnica para que los datos guardados no ocupen tanto espacio en disco (independientemente de que sean datos de imagen, audio, texto, etc. – al fin y al cabo, todos los datos del mundo digital son números). Hay dos “familias” de compresión de archivos, por así decirlo:

– Compresión sin pérdida: Si no se dice lo contrario, se entiende que al hablar de “compresión” nos referimos a esta. El invento se basa en lo siguiente: si nuestra imagen contiene 15 ceros seguidos de un 1, en vez de guardarlos literalmente como una ristra de números (“0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 1“), podrían guardarse resumidos como “[15 x 0] 1“. En la práctica, la cosa es más sofisticada, pero el programa lo hace automáticamente; lo importante es que cuando abramos ese archivo comprimido, el software será capaz de recomponer la información original perfectamente. Guardar con compresión suele hacer más lento el proceso de guardar y abrir el archivo, ya que además de la escritura física en el disco duro o en el soporte que sea, hay que hacer los análisis de la compresión, para detectar esa clase de patrones y codificarlos. Pero más allá de eso, como digo, no hay diferencia entre guardar con o sin compresión, pues los datos se conservan intactos: simplemente, ocupan menos espacio en el disco de lo que ocuparían si se guardasen sin compresión.

El formato zip es un popular algoritmo de compresión (sin pérdida) que puede aplicarse a cualquier tipo de datos.

El formato zip es un popular algoritmo de compresión (sin pérdida) que puede aplicarse a cualquier tipo de datos.

– Compresión con pérdida: Este tipo de compresión hace lo mismo que la otra, pero para conseguir reducir todavía más el tamaño de los datos, descarta o modifica a su conveniencia parte de la información original. Siguiendo el ejemplo anterior (15 ceros seguidos de un 1), puede que en este caso una técnica de compresión con pérdida considere que ese 1 solitario no va a marcar una diferencia apreciable, y en este caso opte por almacenar este bloque de datos simplemente como “[16 x 0]”, cargándose el 1, con lo que al abrir el archivo de nuevo, ya no recuperaremos ese dato como era originalmente. Aplicado a gran escala y con sistemas más complejos que el del ejemplo, esto permite reducir el tamaño de archivo de una forma espectacular. Como luego veremos, la compresión con pérdida por excelencia en el caso de los formatos de imagen es la que utiliza el formato jpg.

Como ya supondréis, la compresión sin pérdida es ideal para archivos de trabajo, mientras que la compresión con pérdida es útil para archivos finales (puede haber excepciones; solo es una norma general).

Nota: A todo esto, no perdáis de vista que lo anterior se refiere al caso de los archivos guardados con algún tipo de compresión, pero también es posible guardar sin compresión alguna, dado que de este modo, el archivo se guarda más rápidamente (ocupará más espacio en disco, pero nos saltamos la parte de los cálculos matemáticos de la compresión).

Bien, pues ahora sí, ya estamos en condiciones de empezar a hablar de los formatos de archivo de imagen disponibles en Photoshop, empezando por los más aptos para crear un archivo de trabajo. Lo veremos en la siguiente entrada.

 

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