El pasado 18 de diciembre un meteorito explotó a 25,6 kilómetros sobre la superficie de la Tierra con una energía de impacto de 173 kilotoneladas, según ha publicado este lunes la BBC . Nadie se dio cuenta de esta explosión porque lo hizo sobre el mar de Bering. No obstante, las Fuerzas Aéreas de EEUU sí lo detectaron y avisaron a la NASA.

El meteorito, que cayó en una zona de la ruta no muy lejos de las rutas utilizadas por los aviones comerciales que vuelan entre América del Norte y Asia, la explosión fue de 10 veces la energía liberada por la bomba atómica de Hiroshima. Pero que no afectó a nadie, tal y como se ha anunciado en la 50ª Conferencia de Ciencia Lunar y Planetaria en The Woodlands, cerca de Houston, Texas.

Fueron los satélites militares de las Fuerza Aérea de Estados Unidos los que recogieron los datos de la explosión. La NASA recibió una notificación sobre el evento y comenzó a estudiar lo sucedido. De hecho, la NASA se ha puesto en contacto con todas las aerolíneas que suelen pasar por la zona para ver si alguno de los aviones avistó el evento. Por el momento la investigación ha sido infructuosa.

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No es el único meteorito de este tipo que hemos visto en los últimos años. Desde la NASA apuntan a que se ven dos o tres de estos fenómenos cada 100 años, según declaraciones a BBC de Lindley Johnson, oficial de defensa planetaria de la NASA. Sin embargo, este es ya el segundo en seis años. El conocido como bólido de Cheliábinsk pasó por dicha ciudad rusa el 15 de febrero de 2013. En este caso, la explosión se produjo a 20.000 metros de altura de la ciudad y liberó una energía de 500 kilotones, treinta veces superior a la bomba nuclear de Hiroshima.

Aunque la NASA lleva a cabo un monitoreo de los asteroides más peligrosos y la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene su propio plan por si nos encontramos ante un armagedón, este evento muestra que todavía tenemos que mejorar en la defensa planetaria frente a asteroides y meteoritos. No obstante, no hay que olvidar que la NASA tiene el encargo por parte del Congreso de EEUU de catalogar todos los objetos cercanos que en su órbita alrededor del Sol puedan suponer un peligro para la Tierra, por lo que no hay que preocuparse.