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El clítoris, ese gran desconocido que lleva al orgasmo

Este 8 de agosto es el Día Mundial del Orgasmo Femenino, pero ¿qué es el clítoris? ¿Sabemos lo suficiente sobre este órgano?

No, el clítoris no es una leyenda urbana, por mucho que a menudo las mujeres se quejen de que sus parejas sexuales no tienen ni idea de cómo manejar ese botoncito que la lleva al séptimo cielo: «Durante el coito me inclino para rozarme más, también me encanta que en los preliminares me froten», cuenta Loida, una joven de 25 años que prefiere mantenerse en el anonimato, a Hipertextual. Así que con motivo del Día Mundial del Orgasmo Femenino hemos querido saber más sobre este y el órgano que lo produce: el clítoris.

El clítoris es el único órgano que tiene como única función dar placer gracias a sus más de ocho mil terminaciones nerviosas que lo hacen muchísimo más sensible que el pene. Es más, también es eréctil y la excitación puede agrandarlo hasta 300 veces su tamaño. Además, es un órgano que se encuentra en todas las hembras mamíferas. A pesar de que lleva siglos descubierto, fue en 1559 la primera vez que se habló de él, la realidad es que hasta hace bien poco no hemos sabido la verdad sobre este órgano.

Todo el mundo cree que se trata de un pequeño botoncito que se asoma justo encima de los labios internos, pero en realidad gracias a las resonancias magnéticas de Helen O’Connell en 1998 y las ecografías de la ginecóloga Odile Buisson y Pierre Foldès en 2008, ahora podemos saber cuál es exactamente la forma del clítoris y no es, para nada, como uno pueda pensar en un principio: el botoncito solo es la punta del iceberg o, como científicamente se le conoce, el glande. El clítoris extiende sus brazos por debajo de la superficie, rodeando el túnel vaginal, y destierra así uno de los grandes mitos acerca del orgasmo femenino: no hay orgasmos vaginales ni clitorianos, siempre proviene del clítoris. ¿La diferencia? Qué parte de este órgano sea estimulada, tal y como explica a Hipertextual la sexóloga Isabella Magdala, que el pasado mes de junio publicó su libro titulado Tu vagina habla (Urano, 2019).

«El clítoris es una particularidad que nosotras no conocemos bien porque hay mucho tabú con el tema del placer en la mujer», apunta la sexóloga. «Creo que es significativo que el cuerpo de la mujer sea el único que tengamos un órgano que simple y llanamente está ahí para el placer. Solo eso tendría que hacernos reflexionar mucho sobre el permiso que nos damos con el placer en nuestras vidas», añade Magdala. La sexóloga señala que está bien visto que las mujeres seamos las que cuidemos, ayudemos y acompañemos, pero «la mujer gozosa está habitualmente mal vista», afirma.

¿Qué es el orgasmo?

«Una vez conseguí tener tres orgasmos. Él me preguntaba si ya me había corrido y le mentía diciéndole que no para tener más…», cuenta Loida entre risas a Hipertextual. «Me gusta rozarme y cuando estoy arriba me inclino para poder rozarme a la vez. Me encanta», añade la joven. Pero, ¿qué es un orgasmo?

«Tradicionalmente el orgasmo es el pico máximo, unos segundos donde estás en el limbo, en el éxtasis. Es, también, lo que nos dicen que es lo importante en las relaciones sexuales y mucha gente cuando no llega, se siente fracasado o fracasada», explica la sexóloga. «Creo que es muy importante enfocar el orgasmo como algo que va más allá y por eso hay que darle su tiempo al clítoris». «Si la mujer tiene un acceso continuo a su clítoris y no necesita esos segundos de orgasmo, vas estableciendo una relación autosuficiente con su genitalidad. Y puede sentir placer en cualquier circunstancia. Hay veces que las mujeres van caminando o montan en bici y sienten placer», añade Magdala.

«Creo que hay que ampliar el sentido de orgasmo y que vaya más allá de esos dos o tres segundos, porque si no la gente busca eso de una forma desesperada y se olvida de que realmente podemos tener orgasmos en cualquier momento, pero no tan tradicionalmente hablando», afirma la experta. «¿Para qué quiero llegar voy a tener dos segundos de orgasmo si yo lo que quiero es llevar una vida orgásmica? Porque lo que de verdad quiero es disfrutar de todo, conectar con esa pasión que no es solo sexual sino vital», plantea Magdala. «Creo que el concepto de la sexualidad tiene que salir un poco de esa limitación, como si el orgasmo fuese solo esos segundo. Discúlpame, pero no. Tienes tú clítoris, tu genitalidad, tu vulva. En cualquier momento puedes mirarte y la mujer se conecta con ella, con sus sensaciones, sus emociones, con lo que ve… Quizás de esta forma establece una relación diferente», explica. «Conozco mujeres que tienen una sensación orgásmica sin necesidad de un contacto físico del todo, pero es otro concepto», añade.

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Magdala apunta que quizás es necesario «desmitificar» el orgasmo porque eso «empodera a la mujer y se da cuenta de que no necesita a nadie». «Es muy diferente una mujer autosuficiente que una mujer que depende del otro para sentir o general el placer, o que, incluso, quiere satisfacer al otro por encima de sí misma», afirma. «La sociedad, en general, tiene mucho miedo a que la mujer sea completamente independiente. Creo que cuando la mujer toma las riendas de su sexualidad gana en calidad de vida, en independencia, poder personal… Claro, por eso probablemente nos han prohibido mirarnos la vulva, conocer nuestros genitales, sentir el placer. Hay muchísimo negocio alrededor del cuerpo femenino», indica.

¿Sabemos qué son los preliminares? ¿Y cómo excitar a la mujer?

Para Magdala no sabemos qué son los preliminares y que aún nos queda camino por recorrer para saber cómo excitar a las mujeres: «A veces, en las charlas que doy, pregunto cuánto tiempo se dedica a la relación sexual y hay muchas veces que la gente le dedica 15 o 20 minutos. Realmente en ese tiempo es más una descarga que otra cosa y el clítoris necesita su tiempo. Soy muy partidaria de empezar estimulando por los labios exteriores y dejar que vaya abriéndose lo que es la propia vulva y el clítoris se va poniendo gordito«. » En esta zona muchas mujeres sienten muchísimo placer, por eso dejaría la estimulación del glande para lo último de lo último. Y lo que se hace ahora es usar el clítoris como un botón del placer, es a lo primero que se va para poner a la mujer cachonda y empezar lo tradicional, pero si la mujer permite que toda la zona se vaya llenando de placer, realmente el glande es lo que menos importa porque ella cae en otro tipo de deseo», apunta. «De alguna forma, la mujer va deseando que, si su pareja es hombre, va deseando el pene y ya hay una excitación y una lubricación más natural, no que muchas veces la mujer tiene que forzarse a entrar en un ritmo que no es el suyo. Por supuesto, luego hay mujeres que sí manejan estos tiempos, pero no todas», añade.

Los preliminares pueden ser «besos, caricias, abrazos, que lleven mucho tiempo». «Quizás primero 30 minutos simplemente con estos preliminares y luego que la penetración vaya siendo suave, que vaya habiendo comunicación, que sientan algo». «Creo que es muy importante que la mujer conozca lo que le gusta antes de tener una relación con alguien, pero para eso también necesita verse, conocerse y ella necesita realmente tener un conocimiento de su cuerpo sino va a permitir que el otro haga cosas que no le gustan porque tampoco sabe que hay cosas mejores, no le dedica tiempo a conocerse. Hay muchas mujeres que caen en la creencia de que el sexo solo se puede tener cuando estás con pareja y no es así», explica.

«Tuve una pareja que era muy rápido, cuando me rozaba ya iba directo a meterla » Sin embargo, la concepción actual de preliminares es encender el botón del placer e ir dirección a la penetración cuanto antes. Y esto encaja con lo que nos cuenta Loida: «Estuve con un hombre que era muy rápido, cuando me rozaba ya iba directo a meterla», comenta. Y eso a ella no le gustaba, prefería disfrutar un poco más antes. Ella prefiere primero rozarse un poco, ya que puede «llegar a tener un orgasmo» y, después, ya sí, pasar a la penetración.

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«Algunas mujeres se excitan cuando les tocan el glande mientras que otras se excitan cuando les tocan la entrada de la vagina o lo que es la zona del perineo, y eso también es por el clítoris, porque es donde están las terminaciones nerviosas de este órgano», señala Magdala. «El orgasmo depende del lugar en el que la mujer recibe más excitación. La pareja tiene que centrarse en explorar toda la zona porque a lo mejor tiene más placer en otros lugares en los que no se ha probado porque simplemente se ha creído que la zona que excita es el glande, pero realmente da igual porque son las terminaciones nerviosas de las que parte el clítoris las que dan el placer«, indica la sexóloga. «También es importante que la mujer pueda experimentar distintas formas y tactos».

Otro tema del que también dependerá el placer es la pareja: «Con una pareja o en un momento determinado que con otra persona o cinco años después, nuestra sexualidad va cambiando». De hecho, comenta que «hay veces que caemos en la rutina y es cuando se deterioran las relaciones: la mujer o el hombre creen que ya no les llena, pero a lo mejor se están habituando a hacer siempre lo mismo y a veces el cuerpo quiere otras cosas». «Tu vagina te habla, pero tu clítoris también», afirma. Apunta durante varias ocasiones que la mujere debe de «escuchar su cuerpo» para saber qué quiere o necesita.

¿Qué pasa con el porno?

«La sexualidad actualmente está muy manipulada», explica Magdala. Entre los factores que llevan a esta manipulación está el porno: «Lo que se muestra en el porno no es del todo real, está seleccionado y habitualmente se muestran cosas bastante similares o muy llamativas, extremas», comenta. Pero añade que no es solo el porno: «Creo que hay una manipulación en general por parte de los medios, que no tiene por qué ser pornográfico, pero que sí muestran un estándard de lo que tiene que ser el sexo y habitualmente lo que es, no es lo que te han mostrado», afirma la sexóloga.

¿Y qué pasa con la mujer cuando no se ve reflejada? «Que se cree que tiene un problema», contesta. «Y muchas veces no tiene un problema. Actualmente hay muchas mujeres haciéndose la cirugía de los labios internos porque creen que los labios que se han llamado históricamente mayores tienen que ser más grandes que los labios menores, pero no tiene por qué ser así», indica. «Me encuentro en muchas ocasiones que los labios internos de mis pacientes son más grandes que los externos, pero si la mujer asocia mayores y menores con el tamaño, cree que tiene un problema», añade. Es más, Magdala apuesta por un cambio en la terminología y por eso siempre los llama externos e internos: «Solamente ese juego de palabras ya les ayuda a entender que no se trata del tamaño».

Y no es solo con los labios, hay otras mujeres que creen que porque «su clítoris está más escondido, ya tienen un problema y no, una cosa es que haya una patología y otra, que los medios sociales. No hay una información real donde la mujer pueda verse realmente. Por ejemplo, en mi libro aparecen imágenes de vulvas reales, no están seleccionadas y no tienen filtros.

Educación sexual

“Hay muchas mujeres que ni siquiera saben dónde está su clítoris”, apunta Magdala. Y por esto es tan importante que las mujeres conozcan su cuerpo desde niñas. “Hay que conocerse porque la información es poder, si tú conoces tu vulva, cómo es tu clítoris, sin importar si se ve o no, no hay esa educación de vernos y eso deberíamos poder tener acceso a esa parte de nuestro cuerpo desde pequeñas. Un porcentaje muy alto de la población tiene relaciones sexuales a lo largo de su vida y no solo una vez, sino varias. Así que esa zona hay que conocerla”, explica Magdala.

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«Soy partidaria de que haya educación sexual para todas las edades. De hecho, creo que sería muy interesante un programa de televisión donde se pudieran hacer preguntas y donde buscar recursos, tener acceso a información real«, apunta. «Por ejemplo, yo empecé a hacer fotografías de vulvas reales porque casi no había y no había forma de comparar la que una tiene con las de otras», señala. «Aunque ahora hay muchos más recursos que antes, se trata de que estos sean reales y veraces, basados en la realidad y no en suposiciones. También tienen que hablar claro y ser fáciles de entender, para que todo el mundo pueda tener acceso a ellos, sobre todo para los niños y adolescentes. Para que cuando tengan relaciones sexuales tengan información, no solo teórica sino práctica».

No solo hay que conocer las infecciones de transmisión sexual (ITS, antes ETS) y al igual que ellas deben de conocer la anatomía propia y ajena, los niños también deben de estudiar no solo el aparato genital femenino sino también toda su estructura, incluido cómo es el clítoris y su relación con el placer femenino: “La sexualidad también debe abordarse desde la perspectiva del placer, porque a través de una visión positiva entendemos mejor la necesidad de protegernos y de estar de acuerdo con las prácticas sexuales que nos planteen”, comentan Alexandra Hubin y Caroline Michel en su libro Entre mis labios, mi clítoris (Urano, 2018).

«Hace falta más educación en los colegios y fuera de ellos, para todas las edades», afirma la sexóloga. «Y también educación corporal. Creo que la sexualidad pasa por el cuerpo y se nos ha olvidado comprender el cuerpo. Como está todo tan mentalizado, a nivel sexual nos comportamos de forma automática: llegamos a la cama y hacemos lo que se supone que tenemos que hacer», añade. Pero, en realidad, matiza, «lo que tenemos que hacer es pararnos y escuchar a nuestro cuerpo y permitir que sea este quien lleva las riendas de la situación».

Pero hablar del sexo desde un plano más placentero en las aulas suele ser un problema para los padres, ¿por qué? «Incomoda porque hay mucho desconocimiento», explica Magdala. «Hablar de sexualidad no es fácil y muchos padres creo que tienen miedo a perder, de alguna forma, el control sobre sus hijos y, paralelamente, les saca de su zona de confort porque, quizás, hay cosas que no saben cómo resolver o lo hacen del mejor modo posible». «También es verdad que hay muchos padres y madres que no quieren que sus hijos pasen por lo que ellos han pasado y tienen muchas ganas de que se les hable del tema, que es sobre todo lo que yo estoy viendo en ciertos institutos a los que voy a dar charlas. Es decir, hay ganas de que los jóvenes tengan recursos y puedan vivir más sanamente la sexualidad a diferencia de cómo lo vivieron ellos», comenta. «Pero realmente hay todavía mucho trabajo por hacer», añade la sexóloga.

¿Y qué es una sexualidad sana? Para Magdala es fácil explicarlo: «Creo que una sexualidad sana es aquella que te permite desarrollarte como persona y en la cual tú te sientes completamente autosuficiente. Y realmente eres libre en cuanto a tus elecciones y la forma en la que mantener relaciones, no hay limitación sino que estás satisfecho o satisfecha». «Y, además, puedes ir desarrollándote a nivel personal, es decir, no es solo una descarga a nivel fisiológico y ya está, sino que también hay cierto crecimiento personal», añade. «Y te sientes pleno una vez terminas el acto sexual y te sientes sexual más allá del entorno de las relaciones sino que vives en esa sexualidad continua», concluye.



Source : hipertextual

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