El dominio bitcoin.org fue registrado en 2008, dando el pistoletazo de salida a un nuevo concepto económico, consistente en dinero digital, que puede pasarse de usuario a usuario sin necesidad de bancos centrales ni intermediarios. Simplemente, las transacciones realizadas quedan reflejadas en un “libro virtual público”, denominado blockchain.

Estas criptomonedas comenzaron a usarse poco después del registro del dominio, en enero de 2009, y han seguido evolucionando desde entonces, siendo su última versión estable la lanzada en mayo de este mismo año. Sin duda parece un concepto novedoso, y lo es dentro de un entorno virtual, pero si nos quedamos solo con el uso de dinero “virtual”, sometido a un seguimiento abierto públicamente, nuestros antepasados nos llevaban varios siglos de ventaja.

Dinero de piedra

La isla de Yap, en la Micronesia, es conocida por albergar más de 6.000 discos de piedra, de tamaño muy variable, desde los 3’5 centímetros hasta los 4 metros de diámetro. Fueron tallados en piedra caliza, extraída en las islas Palau. Estas se encuentran a 400 kilómetros de distancia de Yap, de ahí que se considere estos discos, llamados rai, como los objetos más grandes transportados por el océano Pacífico prehistóricamente.

A pesar de su antiguo origen, su aplicación como moneda llegó más tarde, en un momento que no está claro en la actualidad. Se sabe que comenzó a extenderse entre los europeos a finales del siglo XIX, pero también existen pruebas de su uso al menos cien años antes.

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Aunque cayeron en desuso con el tiempo, la existencia de estas “monedas de piedra” se ha conocido siempre y ha sido muy estudiada durante el siglo XX y lo que va del XXI. Sin embargo, un nuevo estudio, publicado en Economic Anthropology por dos arqueólogos de la Universidad de Oregon, va más allá de lo analizado hasta el momento, comparándolo con el concepto actual de bitcoin.

A bote pronto resulta complicado comparar ambos tipos de moneda, si se tiene en cuenta que los rai podían medir hasta cuatro metros y que el bitcoin no tiene forma física. Sin embargo, el modo en que se gestionan sí que cuenta con similitudes sorprendentes, a pesar del gran número de años que los separan. Y es que, si bien no se encontraban en un entorno virtual, los usuarios de los discos de piedra tenían también su propio blockchain.

Según cuentan los dos autores de este reciente trabajo, los rai eran demasiado pesados para trasladarlos con cada transacción, por lo que una vez ubicados en un sitio definitivo las gestiones posteriores quedaban registradas en libros de contabilidad oral, establecidos dentro de las diferentes comunidades. Estos libros se pasaban de generación en generación, de modo que los posibles cambios de propietario, así como el motivo por el que se producían y el valor del disco quedasen claros. Así, el dueño de un disco de piedra podría vivir a kilómetros de distancia de él, pero nadie dudaba de su propiedad.

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A día de hoy no se sabe a ciencia cierta quién o quiénes fueron los creadores del bitcoin, ya que la persona en cuestión se ocultó en tras el pseudónimo de Satoshi Nakamoto. Tampoco sabemos en qué se inspiró para crear el concepto de las criptomonedas y el blockchain. Ahora, tras la publicación de este estudio, los autores del mismo creen que pudo basarse en parte en ciertos hábitos económicos tradicionales, como el llevado a cabo con los rai. Eso sí, dejando a un lado la pesada piedra y entrando de lleno en los recursos de la era digital. Renovarse o morir.