Llegamos a estas fechas tan señaladas, fum fum fum, y toca disfrutar de las terroríficas comidas navideñas. La cantidad, la variedad y la constancia de estos atracones podría matar al más pintado veterano de una antigua bacanal. Pero mantenemos el tipo, a pesar de que junto a los banquetes lleguen los mitos y rumores, las leyendas urbanas que nos harán temer lo peor después de cada comida. ¿De qué falsedades estamos hablando? ¿Y en qué se basan? Aquí van algunas «historias de terror» contadas entre árboles de Navidad y zambombas.

¿Cuidado con el marisco y la vitamina C?

Cuenta la leyenda que una mujer, en mitad de una comilona de empresa notó que sus ojos y su nariz comenzaban a humedecerse. De pronto descubrió aterrada que lo que tenía era sangre. Pero era demasiado tarde: segundos después, su cabeza se desplomaba sobre el plato, tras una inmensa montaña de cáscaras de quisquilla y camarones devorados. A su izquierda, un sospechoso vaso de zumo de naranja descansaba amenazador.

comida navidad

Y es que, según cierto rumor que corre de arriba a abajo por WhatsApp y otras redes de mensajería, consumir camarones y otros mariscos en presencia de vitamina C, como la que tiene un vaso de naranja o limón provoca, y citamos textualmente, el inicialmente no-tóxico potasio-arsénico 5 (como anhidro también conocido como óxido arsénico – As2 O5), se convierte en el tóxico potasio-arsénico 3 (ADB anhídrido arsénico), también conocido como trióxido de arsénico (As2 ​O​3), que es conocido como arsénico! (sic).

Pero esto no tiene demasiado sentido. El arsénico es altamente tóxico en sus diferentes variantes inorgánicas, y la vitamina C no va a hacer que cambie su naturaleza molecular. Y mucho menos en el estómago. Este metal puede aparecer en todo tipo de animales y plantas y si un alimento está contaminado con arsénico, puede provocar una intoxicación muy grave. Pero para eso existen controles dedicados exclusivamente a su supervisión.​

Omeprazol, ¡y ya puedo con todo!

Llega la hora de sentarse a la mesa. Nada menos que veintisiete platos, siete vinos, dos marcas de champán y al menos trece tipos distintos de turrón decoran la superficie donde se celebrará la pitanza. Cualquiera se sentiría intimidado por lo que está a punto de ocurrir. Pero, «¡tranquilo! Tómate un omeoprazol y santas pascuas«, te cuenta tu cuñado con alegría, echándose una pastilla a la boca.

Lo que no sabe es que el omeoprazol, como protector estomacal que es, no le servirá de nada. Porque es un protector muy concreto, para dolencias muy específicas. No es una especie de panacea que todo lo cura, como si de un escudo contra los excesos se tratase. En concreto, el omeprazol sirve para tratar úlceras y problemas de acidez.

¿Por qué? Porque es un inhibidor de la bomba de protones y se encarga de disminuir la cantidad de ácido gástrico producido por las glándulas en el revestimiento del estómago. Los medicamentos como el omeprazol, el esomeprazol, el lansoprazol o el pantoprazol se emplean habitualmente para aliviar los síntomas del reflujo gástrico o para tratar problemas como la úlcera duodenal o estomacal, pero nunca para proteger contra el alcohol, la grasa, el exceso o cualquier otra cosa que creemos que nos hará daño al estómago.

Ni si quiera sirve para proteger contra la acidez de estómago una vez que ya ha comenzado, pues no resuelve la presencia del ácido ni el dolor causado por este. El omeoprazol sirve para lo que sirve. Y es un medicamento del que no debemos abusar.

¿Qué le pasa a las embarazadas con el marisco?

Existe otra leyenda que dice que los pescados y mariscos no son recomendables para aquellas que están encintas. La cantidad de parásitos, sustancias tóxicas (de nuevo el arsénico o metilmercurio) y otros peligros ocultos entre escamas y caparazones son tantos que más vale no arriesgarse poniendo en peligro nuestra salud y la del niño.

Pero esto es falso, por mucho que se empeñen en chillarlo a los cuatro vientos, los pescados y mariscos son una buena fuente de proteínas y de otros nutrientes. Sí que es verdad que hay que evitar comer cierto tipo de pescados y mariscos concretos. Esto es así debido a sus hábitos alimenticios, que les proporcionan un perfil nutricional concreto.

O bien por la posible presencia de parásitos y bacterias. Aunque esto se soluciona cocinándolos adecuadamente, como podría ocurrir con otros alimentos. También es conveniente evitar el pez espada, el lofolátilo, la caballa gigante y el tiburón porque pueden contener altos niveles de metilmercurio, que puede ser nocivo para el bebé.

Pero más allá de eso, comer marisco y pescado bien cocinado es sano y conveniente. Y nada nos tiene por qué apartar de estos manjares durante las fiestas siempre que el tratamiento de los alimentos (de cualquier alimento, en realidad) sea el adecuado.

Saltarse una comida no te va ayudar a adelgazar

Y, ¿qué hay de aquel primo que tenía un truco para mantener la línea durante todas las Navidades? Puede que no recuerdes muy bien cómo era aquello de comer cierto alimento, o saltarse cierta comida. Bueno, en cualquier caso, si no comes hoy, esta noche podrás pegarte el atracón sin tantos remordimientos, ¿verdad? Obviamente no.

Aunque ingerir menos supone menos kilocalorías en el cuerpo, y esto, en definitiva, es una razón para adelgazar, lo cierto es que no es especialmente útil. Adelgazar no es una cuestión de cuánto, únicamente, sino también del cómo y el «durante cuánto». Por el momento, algunos estudios indican que saltarse comidas podría ser contraproducente.

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Aunque estos se han realizado en ratones, parece ser que el no comer (y pasar hambre) por comer después podría llevar a desarrollar obesidad y diabetes. Esto, por supuesto, es un proceso a largo plazo, que se relacionaría con la insulina y otras sustancias relacionadas con la alimentación.

Por otro lado, nada indica que saltarse una comida tenga algún tipo de beneficio. No a nivel fisiológico, y probablemente tampoco a nivel de comportamiento. Es infinitamente más útil ser comedido, sin sobrepasarnos ni excedernos, que tratar de «compensar». Algo que, a todas luces, no es posible.

¿Mi medicación? Por un día no pasa nada, ¿no?

En estos días donde el alcohol y la grasa recorren nuestras venas, parece inevitable saltarnos la medicación un día o dos en el mes. Es peor el daño que puede hacernos en el páncreas que el que nos hará la enfermedad. Esto, muy extendido por desgracia, también es falso por completo.

La medicación es un tratamiento que ha de mantenerse de forma continuada. Para que una sustancia ajena tenga efectos en nuestro cuerpo, es imprescindible contar con una concentración específica en sangre. En ocasiones, esta concentración solo se consigue manteniendo la ingesta del fármaco de manera regular.

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En el momento en el que nos la saltamos un solo día, «reiniciamos» el proceso. Y a veces, combatir una enfermedad no es posible si no mantenemos cierta regularidad. Saltarse la medicación un día sencillamente porque nos apetece beber alcohol no está justificado. Más vale que nos saltemos la comilona o bien seamos coherentes con el tratamiento.

Por otro lado, no existe ningún tipo de justificación para beber alcohol. El alcohol no es bueno en ningún sentido (ni hay dosis inocua de alcohol). Por tanto, nos hacemos doble daño: no seguimos el tratamiento y, encima, nos echamos al coleto un veneno reconocido y asociado al cáncer de colon, a la obesidad y a la hepatitis, entre muchos otros problemas.